Gracias infinitas y perdonadme

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Son las ocho de la tarde y tras otro día de confinamiento, de repente, tengo la sensación de estar en la platea del Liceu. Aplausos, ovaciones y gratitud dirigida, en este caso, hacia nuestro personal médico y sanitario.

Estas acciones me emocionan y me reconcilian con la sociedad, el mismo día que Sánchez ha vuelto a hablar pensando, él sí, que está en un plató de Hollywood y que todo esto es una película que acabará con besos y abrazos de los protagonistas. Ojalá.

Volvamos a las ovaciones. No he salido a la terraza. A pesar de la emoción, o quizás por ello, me ha dado vergüenza abrir la puerta y dedicarles a ellos el reconocimiento que se merecen.

Salir me hubiera hecho sentir como un impostor. Ellos, médicos, enfermeras, personal de hospitales, clínicas centros de atención primaria… no nos han fallado nunca y eso que llevan más de una década de durísimos recortes. Una década en la que, por una razón u otra, he ido a parar a sus manos. En una de ellas por un gran susto que, por suerte, quedó en nada. En todas las visitas, tanto para mí como para familiares, he recibido un trato que ha superado mis expectativas, aunque a menudo la procesión les fuera por dentro.

Muchos de los que hoy les aplauden, y yo el primero, no movimos un dedo cuando empezaron a pasarlo mal. A pesar de ser consciente de la importancia de su tarea y de cómo han sufrido por atendernos dignamente en medio del temporal, miré hacia otro lado, quizá porque la sociedad en su conjunto nadaba también en un mar de recortes.

Por eso, hoy más que aplausos merecidísimos quiero pedirles, quiero pediros perdón.

Perdón por no haber estado a la altura. Perdón por no haber sabido empatizar con vosotros. Perdón por haberos fallado. Sin el más mínimo reproche, me habéis dado una lección de coraje y amor a los demás que no olvidaré nunca.

Os agradezco muchísimo lo que estáis haciendo por todos, porque en este todos algún día se pueden incluir aquellos a quienes más amo.

Gracias infinitas por jugaros la salud y la vida en medio de agotadoras jornadas y, a menudo, sin disponer de los refuerzos ni los medios suficientes.

En estos momentos graves no se me ocurre mejor forma de agradeceros y aligerar vuestro día a día que seguir confinado en casa. Esperando poder tener suficiente valor para salir a la terraza y haceros llegar todo el reconocimiento, solidaridad y agradecimiento que siento hacia vuestro colectivo de profesionales, de héroes.

Cierro los ojos e imagino el fuerte abrazo que me gustaría daros. Quizás, incluso, con alguna lagrimita.

Vamos a salir de esto, estoy seguro. Como también estoy seguro de que saldremos adelante gracias al valor de todos vosotros.

 

Jordi Salvadó

Socio Director de Folch Time

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