El Método, Trabajo Basura y Fast N’Loud

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El Método es un libro. Trabajo Basura, una película y Fast N’Loud, un programa de telerrealidad. ¿Qué tienen en común? En la forma nada, o muy poco. Pero en el fondo, mucho más de lo que podría parecer a simple vista.

El otro día recomendé este mismo pack como respuesta a un post en LinkedIn que lanzaba una pregunta al aire: ¿Cuál crees que es el mejor libro de management de todos los tiempos? En el listado no faltaban los nombres de los grandes gurús conocidos y por conocer. Ante tanta previsibilidad decidí ser, de forma calculada, políticamente incorrecto.

Pero, ¿por qué este pack? De entrada, porque me refiero muy a menudo a él cuando trato de poner en “valor el valor” de la comunicación corporativa ante determinadas estrategias con clientes, o cuando participo en sesiones de formación explicando que el orden ordinal de las cosas y las acciones no ha pasado de moda. O, dicho de otro modo, para llegar a lo “digital” antes hay que afrontar y trabajar la “transformación”.

Estos días estamos escuchando que el mundo dC (después de la Covid-19) no tendrá nada que ver con el mundo aC (antes de la Covid-19). Quizás sí. Que la digitalización se ha acelerado o se acelerará al menos cinco años, o más. Quizás sí.

Lo cierto, sin embargo, es que con todo lo que estamos viviendo muchos de nosotros vamos por el mundo desorientados y con el corazón en un puño tratando de intuir cómo será este anunciado nuevo mundo, y si seremos capaces de gestionarlo adecuadamente o, por el contrario, nos engullirá.

Años atrás, a las puertas del boom de la transformación digital, miraba de leer todo lo que podía sobre el tema. Intentaba averiguar qué hacían realmente aquellas empresas no tecnológicas que decían que se estaban digitalizando. ¿Qué procesos aplicaban? ¿Qué cambiaban? ¿Qué dejaban de hacer? ¿Qué hacían de nuevo? ¿Cómo lo aplicaban a los equipos? ¿Qué esperaban ganar? ¿Por dónde empezaban? Recuerdo que estaba muy inquieto. Todo el mundo lo comentaba, pero pocos parecían tener claro cómo ponerse a ello.

Así que un día en una sesión del IESE me escuché preguntándole al profesor: “¿Por dónde habría que empezar a la hora de aplicar la transformación digital en la empresa?” Por unos momentos me sentí como el niño aquel denunciando que el rey estaba desnudo. Ojalá hubiera podido rebobinar.

Se ve, sin embargo, que la pregunta no sonó, ante el auditorio, tan simple como lo hizo en mi cabeza. El profesor aprovechó para referirse a la errónea reacción de las empresas comercializadoras de hielo durante la llegada de las primeras neveras. Resulta que su respuesta a una competencia que las condenaba a la desaparición, al menos en el ámbito doméstico, fue fabricar máquinas que cortaban los bloques de hielo a más velocidad. Neveras 1 – Serruchos gigantes 0. ¿Se entiende el símil?

La directora general de Google en España era otra de las profesoras en aquel curso y sus sesiones fueron para enmarcar, al menos a mí me lo parecieron, por la paz interior que sentí al salir de allí con los conceptos claros. De repente todo tenía sentido.

Y encontrar el sentido de las cosas es fundamental para, primero, entenderlas. Y, segundo, ser capaz de ponerlas en práctica. O, al menos, intentarlo.

Y todo esto, ¿qué relación guarda con el titular de este post? En que creo, absolutamente, que sin una previa transformación en comunicación corporativa de las empresas y los equipos, la digitalización si les llega, les llegará coja. Mientras que aquellas organizaciones que opten por empezar por el principio y adaptar sus estructuras comunicativas al nuevo entorno digital verán ampliamente recompensada su inversión.

Y de eso va mi particular pack, formado por tres artículos, algunos de ellos, producidos antes del inicio de la digitalización. Pero que se comportan como verdaderas guías para entender los tics que, por fortuna, hemos dejado atrás y, de paso, obtener algunas pistas de cómo empezar a transitar en esta nueva normalidad tratando de vislumbrar qué habilidades nos pueden ser más útiles.

En El Método (The Game), de Neil Strauss, se nos habla de cómo podemos potenciar la confianza en nuestras posibilidades y favorecer el cambio para alcanzar todo lo que nos proponemos en la vida, por difícil que, “a priori”, pueda parecer. Todo sea dicho, los objetivos del libro tienen que ver con la seducción.

En Trabajo Basura (Office Space), comedia inteligente dirigida por Mike Judge, se ridiculiza con grandes dosis de ingenio a las empresas encorsetadas, excesivamente jerarquizadas y que hacen de la cultura burocratizada y presentista su razón de ser. Tanto es así que, la empresa que se muestra en Trabajo Basura es la antiempresa. Vamos, que bastaría con hacer todo lo contrario de lo que hace esa empresa de ficción para acertar. Todo sea dicho, es una de las primeras películas de Jennifer Aniston y los protagonistas, informáticos, estafan a su propia empresa mientras se dedican a resolver los efectos del año 2000 en los ordenadores. Recordemos que, hasta entonces, los años se introducían tecleando sólo las dos últimas cifras.

Cada entrega del programa Fast N’Loud daría para un manual de marketing y estrategia empresarial. El tejano Richard Rawlings, el dueño de Gas Monkey Garage, hombre hecho a sí mismo ha creado un imperio basándose en un estilo de vida y una marca global en torno a un taller de coches especializado en la reparación y venta de hot rods. Gracias a la televisión, las redes y el carisma de Rawlings se ha convertido en el taller más famoso del mundo.

Así que, si no sabes qué hacer este mes de agosto, te propongo este menú, seguro que no te dejará indiferente.

Ya me dirás qué te ha parecido.

Jordi Salvadó

Socio director de Folch Time

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