¿Todo son malas noticias?

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Salir poco o nada de noche (y más ahora en confinamiento) me resulta balsámico. En mi caso me permite levantarme pronto sin maldecir demasiado mi suerte. Pero estos días las primeras horas del día me resultan muy duras de digerir.

Tanto vale si hace sol o no, es ponerme a preparar los resúmenes de prensa y notar que me cuesta respirar, el cuerpo me duele, tengo tos y me hierve la cabeza… ¡Ya lo pillado!

¡Y tanto si lo he pillado! He pillado un empacho de mal rollo que, suministrado a dosis diarias no sé hacia dónde me llevará. Menos mal que después, y a lo largo del día, entre el correo, el móvil, las redes, las llamadas, las horas ante la pantalla, más noticias, y las VCs (estoy recuperando a marchas forzadas todas las que no he hecho a lo largo de la vida) estoy entretenido. Y acabo la jornada resignado y reventado.

De las bondades del teletrabajo ya me hablaremos otro día.

Y así pasan los días. Demasiados días ya. Y recibo la llamada de un emprendedor de verdad. Y pienso, vaya éste me animará. Lo primero que me dice es que pasa de la prensa, en todos sus formatos. Que cuando pueda salir ya se enterará y cuando la curva se allane, también. Y cuando todo el mundo se pueda hacer el test ya lo llamarán. Que está hasta el gorro de todos los periodistas, “que parece que disfruten, que disfrutéis, pintándolo todo de negro y resaltando sólo las cosas negativas”. Está un buen rato dejando fino el oficio de informar.

Al terminar le corrijo. “Hace media vida que abandoné la última redacción”. Nada, para él, como suele ocurrir con los militares, quien ha hecho de periodista siempre lo es.

Trato de hacerle entender que la situación está realmente mal. Bastante bien lo sabe. A regañadientes ha aplicado un ERTE. Intento defender lo que a estas alturas yo también veo como indefendible: que las portadas y los grandes titulares no hacen más que reflejar la realidad. ¿Seguro?

Cuelga sin que le haya podido convencer de nada. Quizás porque durante la conversación es él quien medio me ha convencido a mí. Me viene a la mente un artículo de opinión reciente en el que el columnista se cuestiona si ese día era más oportuno titular en portada por el número de muertos por la Covid-19 o por el número de parados y empresas entre las cuerdas, o directamente sin cuerdas. Habla de dos posibilidades de titular. Las dos negativas. ¿Y si hubiera una tercera? ¿Y si esta tercera fuera, al menos, esperanzadora?

Llamo al emprendedor de verdad. “A partir de mañana te enviaré todos los titulares que al menos den algún destello de esperanza”, le digo. Se ríe. “No encontrarás ninguna”. Tan convencido le veo que me doy cuenta que tal vez he ido de listo. Todavía estoy repasando la conversación cuando me vuelve a llamar. “Acepto el reto. A ver quién encuentra más”.

No sabía que ya hubiera alcanzado la categoría de reto. Creamos un grupo de guassap, otro. Y empezamos. Yo de buena mañana. Él más tarde. Ya llevamos así más de dos semanas. En el nuevo grupo no decimos nada, sólo colgamos titulares. Yo algunos más, por aquello de la deformación profesional.

Las mañanas adquieren otro color. Ahora, además, busco noticias “positivas”. Y cada día encuentro, encontramos más.

“Échale un vistazo a todo lo que hemos colgado estos días. Esto es otra cosa “. Me dice. Y es verdad. Quizás no son las noticias más importantes del día, o los medios no las han tratado así, pero viéndolas pasar fotograma a fotograma la película ha cambiado de género, ya no es de terror.

Evidentemente la realidad no ha variado. Pero nuestra actitud ante ella, mucho.

“Has visto cómo ha sido posible encontrar noticias positivas ?, comento. “Si, si, ¡las tenían bien escondidas tus amiguitos periodistas! Quizá no quieren que nadie las vea y buscan deslumbrarnos con titulares deprimentes “. Me descoloca.

Da igual. Sé que al final ganaré el presunto reto. Algún día mis colegas periodistas titularán por la fecha del fin del confinamiento, el hallazgo de la vacuna… ¿o tal vez ese día se inclinarán más por titular por el número de empresas que nunca más abrirán, número de muertes totales o las personas que lo han perdido todo?

¿Tú qué crees?

 

Jordi Salvadó

Socio Director de Folch Time

PD. Por cierto, la atracción que, poco o mucho, todos tenemos hacia las noticias negativas no es casual. Te recomiendo la lectura del artículo “Instintos primarios. ¿Por qué preferimos las malas?”, publicado en la revista Capçalera del Col·legi de Periodistes de Catalunya.

Aquí tienes unas perlas:

“El cerebro hace que las buenas noticias nos deslicen y que nos quedemos pegados a las malas”.

“Titular con malas noticias no es excepción de los medios de comunicación. También en la vida cotidiana, si todo va bien, no lo contamos “.

“Las buenas noticias molestan, despiertan un escepticismo generalizado, tienen mala prensa”.

“Periodistas, activistas y políticos son víctimas de una visión del mundo dramática. Deberían actualizarla “.

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